LEGALIDAD
O NO, DEL USO DE LAS ARMAS DE FUEGO
Desde sus orígenes,
las armas de fuego han ejercido una extraña fascinación
sobre el hombre. Se usaron para la guerra, la seguridad,
la subsistencia, el deporte, etc., y todavía hoy,
se las utiliza con esos mismos fines.
¿Las armas de fuego,
son buenas o son malas? Las armas en general, son solamente
un objeto inanimado que requiere ser manejado con precaución.
Que sea malo o bueno, depende de la mano que las empuñe.
¿Cuál es la
diferencia entre atacar a una persona, con un arma de fuego,
una silla, una botella, un palo, o con una simple lamina
de afeitar o un estilete, como lo hicieron los terroristas,
en los EEUU, el 11 de Setiembre ?
Cuando se comete un crimen,
la culpa no es del arma de fuego precisamente, pues de no
existir esta, el criminal hubiese utilizado cualquier instrumento
para llevar a cabo sus nefastas intenciones, como ser un
garrote, una piedra, un martillo o un palo de amasar, para
herir o matar a su semejante. En otras palabras, la violencia
no nace de un arma y si, del hombre. Con esto solo quiero
demostrar que un arma de fuego posee la misma peligrosidad
que un pica hielo o un machete, si detrás de ambas,
hay un asesino, delincuente o un desequilibrado.
La problemática de
las armas de fuego, la seguridad y su tratamiento en los
medios de comunicación parecerían ser una
constante en nuestra sociedad. Políticos, periodistas,
especialistas y advenedizos de todo tipo, opinan sobre este
delicado tema, tratando de llevar agua a su molino. Sin
conocimiento, están llenando espacios en los medios,
con falsas informaciones de inseguridad. Mucha de esa inseguridad,
les da elementos a los formadores de opinión, para
tratar de sacar las armas legales de la sociedad. La contrapartida,
es el aumento de armas ilegales en manos de delincuentes.
Un ejemplo palpable, es el
Reino Unido, donde fue adoptado la ley de desarme de la
población civil (léase ciudadanos honestos)
incrementando en un 53% las acciones criminales a mano armada.
En Londres, los homicidios aumentaron casi 90% de 2000 a
2001, o sea, después de adoptarse esta ley.
Cualquier prohibición
debe estar adecuadamente fundamentada, pues, de lo contrario,
implicaría que los poderes del Estado dan o quitan
según su antojo, desconociendo los derechos de los
ciudadanos y una de la más básica libertad
individual, que es el “derecho a la defensa”.
De que servirá, por
ejemplo, sustituir los cubiertos metálicos por los
de plástico, utilizados actualmente en todas las
compañías de aviación, si los terroristas
utilizaran cualquier otro medio para alcanzar sus maléficos
objetivos.
Con lo único que estaría
de acuerdo, es que el Estado obligue al que desee poseer
un arma, un documento que lo habilite como tal, como se
procede cuando se obtiene el registro de conducir. La solución
del Estado, no es prohibir, sino aplicar leyes que regulen
y generen una cultura en materia destinada a preservar la
conducta de los legítimos usuarios, vinculada a todo
poseedor del carnet de “Tenencia de Arma”, que
no es lo mismo a “Portación de Arma”.
Debe definirse la portación, como la “acción
de disponer, en lugar publico, o de acceso publico, de un
arma de fuego cargada o en condiciones de uso inmediato”.
Los políticos o las
personas que han estado en puestos de poder, “no saben
que hacer con las armas”. Al tener los medios en contra
de un determinado gobierno, porque el hampa mató
a tales personas, violaron a tales otras, etc., entonces
se preguntan: ¿Qué hacemos?. Lo más
fácil y sin explicaciones lógicas, es culpar
a las personas que poseen legalmente, armas de fuego. Proponen
quitar las armas a la población civil, a quienes
han adquirido las mismas en forma legal y se encuentran
legalmente registradas. Lo ideal sería que si se
piensa hacer un desarme, se hagan a aquellas personas que
no tengan la autorización o el registro correspondiente,
quienes generalmente utilizan sus armas para actos delictivos.
La mayoría de los delincuentes
se ven forzados a robar, cuando en su rancho no hay comida
y sus familias se están muriendo de hambre. Ahora,
ello en sí, es mas un problema social, que un problema
de armas, por lo que se necesitan políticas que ataquen
de lleno, el desempleo, la inseguridad, la educación,
el nivel cultural de la población. Esa sería
la acción correcta y no la inexplicable idea del
desarme de la población civil.
Nunca escuche, que un ciudadano,
que tenga un arma de fuego, debidamente documentada, comprada
y registrada legalmente, haya hecho uso del mismo para cometer
un crimen o asalto. La incidencia de un legitimo usuario
de un arma, en hechos delictivos es casi nula. Jamás,
a un legitimo usuario, que tiene su arma legalmente registrada,
se le pasa por la mente, tener un arma para delinquir.
Las estadísticas indica,
que el delincuente obtiene sus armas y municiones en la
clandestinidad. Si por ventura existiera una legislación
prohibiendo la venta legal de armas de fuego, se vería
intensificado el criminal mercado negro y el ciudadano honesto
se vería imposibilitado de ejercer una de más
básica libertad individual y constitucional del ser
humano, su derecho a la defensa, dando claramente un recado
a los bandidos, de que estamos desarmados.
Preguntaría a quienes
piensan que las armas son fuente y razón de todos
los males, si se atreverían a decir: “Me dejo
matar, pero jamás tendría un arma de fuego”,
o si pondrían un letrero en la puerta de su casa
que diga: “Es esta casa, no tenemos armas”.
Los pilotos de líneas
aéreas comerciales norteamericanas están actualmente
organizando un movimiento lógico, para que ellos
puedan tener, por lo menos, una pistola o revolver, para
la defensa de sus vidas y la de sus pasajeros. ¿Qué
dirán a este respecto los que están en contra
de las posesión legal de un arma de fuego? ¿Estarán
en contra, para que estos pilotos (tal como lo hacen con
los ciudadanos comunes) anden desarmados y sin oportunidad
de una legitima defensa?
Las estadísticas en
otros países avalan que no son los delincuentes los
que concurren a registrar sus armas y la inseguridad que
reflejan las crónicas policiales, son practicadas
por poseedores ilegales, a los que inexorablemente, se los
debe reprimir con toda la fuerza de la ley. En la Argentina,
por ejemplo, existen mas de 1.000.000 poseedores legales
de armas registradas o legítimos usuarios, y solo
un 0,01% de ellos, se vieron involucrados en situaciones
policiales o judiciales con sus armas y la mayoría,
por causas menores o de legitima defensa, justificados por
fallos judiciales.
Las autoridades estadounidenses
efectuaron durante el mes de diciembre de 1999, más
de 2.000.000 de verificaciones de registros de antecedentes
penales, para la compra de armas de fuego, lo que significa
un aumento de 4% con relación a diciembre de 1998,
según el FBI. En los primeros meses del 2000, un
millón de madres norteamericanas marcharon en reclamo
de un mayor control de la discrecionalidad que existe en
los Estados Unidos para adquirir un arma de fuego. Pero
veamos que reclamaban las madres estadounidenses:
- Que haya un registro de usuarios de armas de fuego, con
la consiguiente licencia que lo habilite como tal;
- Que antes de otorgar una tenencia (por primera vez), el
Estado investigue los antecedentes penales del solicitante:
- Que se establezca un “periodo de espera”,
para evitar que el que compre un arma por primera vez, actúe
en forma irracional, impelido por algún disturbio
emocional momentáneo.
La mayor prioridad es efectuar
un mejor control, tomar mayores precauciones, para evitar
que esas armas caigan en manos criminales o irresponsables,
teniendo un registro de más de 200 millones de armas
de fuego que circulan actualmente en los Estados Unidos.
A menudo veo en algunas armerías,
gente que va a comprar un arma “para la defensa de
su casa y de sus bienes” y no tienen la más
mínima idea de como se carga o descarga. Considero
que esas personas no deberían tener un arma, porque
son un peligro para ellos mismos. La solución está
en la creación de Escuelas en polígonos de
Tiro, legalmente habilitados y con un programa de instrucción
en Reglas de Seguridad para el Manejo de Armas de Fuego,
que eduquen al poseedor de un arma y otorguen un Certificado
de Idoneidad en el Manejo de un Arma de Fuego.
Siempre he creído que
todas las restricciones y limitaciones concernientes a las
armas son absurdas y carentes de sentido, que solo las sufren
y padecen los honrados ciudadanos que las poseen y usan
de acuerdo con la ley. Es inconcebible que en un país
civilizado y con legisladores cuerdos, se prohíba
la tenencia de armas para la defensa de vidas. A los que
utilizan armas para la comisión de delitos, no les
interesan estas leyes, pues no las piensan cumplir de ninguna
manera, ya que tanto sus fines, como sus medios son ilícitos.
Creo en las leyes, la democracia
y en los derechos humanos. Creo en los derechos de los humanos,
porque es un bien divino y el respeto a esto, es lo único
que puede alejarnos de vivir como cuando lo hacíamos
en las cavernas. Solo creo en los derechos de los humanos
que se comportan como tales. Los demás, aunque también
con derechos y sin comportamiento de humanos, se les debe
aplicar la ley, en la forma y medida en que la hayan infringido,
pues el que se mueve en forma marginal y establece una causa,
es lógico y de ley, que sufra los efectos que él
produce con la misma.
¿Seria la prohibición
de la venta de armas, una solución? ¿Sería
el desarme generalizado e indiscriminado, una salida? ¿Creen
los legisladores que todos los que asaltan y asesinan a
mano armada, han comprado sus revólveres, pistolas,
escopetas, ametralladoras, etc., en una armería,
con el registro correspondiente? ¿En que porcentaje
de delitos, se utilizaron armas registradas?
El delincuente no registra
su arma bajo ningún punto de vista. Las obtiene por
cualquier medio. Las utiliza para delinquir y ejercer una
violencia inusitada, mientras los legisladores se empeñan
en seguir controlando a los ya controlados y pacíficos
ciudadanos. No se dan cuenta que en realidad lo que deberían
controlar es la delincuencia, el trafico ilegal de armas
y tomar las medidas para encuadrar y limitar tanta violencia,
pero hacia quienes las ejercen.
Además, si jugamos
a prohibir o confiscar las “cosas peligrosas”,
empecemos por los automóviles y ómnibus, que
causan accidentes y también matan, por lo tanto me
atrevería a sugerir a los Legisladores, se agregue
al proyecto, un Articulo que diga: “Todos los conductores
de vehículos automotores, deberán realizar
un examen de aptitud para obtener una licencia de Tenencia
de Vehículo”. Esta medida servirá para
disminuir el alarmante numero de muertes, ocurridas en accidentes
de transito, en vista del manoseo indebido, por parte de
sus usuarios, ya que este también podría ser
considerado como un arma mortífera y a los karatekas,
se les corten los brazos y las piernas, porque también
matan, a las amas de casa se les prohíba el uso de
cuchillos, que también matan, que se prohíba
el fútbol, por la violencia y muertes que generan
y que a las prostitutas y travestíes se los incinere,
pues también pueden matar (SIDA).
Los aficionados a las armas,
los que compramos habitualmente para disfrutar de nuestro
deporte, el cual nos exige un permanente y estricto entrenamiento,
no solo en su manejo, sino en la seguridad para nosotros
y quienes nos rodean, nos encontramos con que la sociedad,
en general, nos rechaza. Pero eso sí, estas mismas
personas que se escandalizan de nuestra afición,
cuando van a la cancha, no tendrán ningún
inconveniente en hacerle saber a un árbitro, de que
dudan de la “legitimidad de su nacimiento”,
e incluso, no vacilarían en arrojar objetos contundentes,
tanto contra árbitros y jugadores. Repito, que para
ser agresivo, no son precisas las armas. Cualquier objeto
contundente o punzante, en un momento determinado, puede
convertirse en un arma, como una lata de cerveza o gaseosa
o una guampa de tereré.
Un menor de 21 años,
por ley, no puede comprar un arma. ¿Cómo entonces
leemos en los diarios que un adolescente de 16 o 18 años,
mató a alguien con un revolver o pistola? ¿Será
que las compró legalmente?
Las armas automáticas
(ametralladora) no están permitidos para los civiles.
¿Cómo es que los delincuentes los tienen y
utilizan en sus asaltos? ¿Para qué sirve tanto
control?
Estudios estadísticos
en los EE.UU. demuestran que entre 1974 a 1988, el numero
de armas se incrementó en 69%, mientras que los homicidios
disminuyeron en un 14%. Por lo tanto habría que perseguir,
ser más drásticos y con leyes más severas,
a los delincuentes y no a los ciudadanos honestos.
“Si
las armas son declaradas fuera de la ley, solamente los
que estén fuera de la ley tendrán armas”
De lo que sí podemos
estar seguros es que, de efectivizarse la prohibición
de la venta de armas de fuego, se producirá el regocijo
de los criminales, puesto que podrán hacer presa
fácil a los honestos ciudadanos. Nada impedirá
que los que se encuentran al margen de la ley, consigan
el armamento necesario para cometer sus fechorías,
que en la mayoría de los casos han entrado de contrabando
o conseguidas en el mercado negro. El otro concepto falso
es el de pretender suprimir el mercado negro, eliminando
el mercado legal. Cada vez que se intentó algo así,
se logró el efecto exactamente opuesto, como fue
el caso de “la ley seca” en los EEUU.
La compra de armas por parte
de algunos civiles, refleja la falta de seguridad imperante
y las falencias del Estado para socorrer a los ciudadanos.
Cuando
un gobierno desconfía de su pueblo ¿quien
está equivocado?
¿El gobierno o el pueblo?
Limitar la compra y la tenencia
legal de armas, es fácil. Intentar desarmar a la
sociedad sería una doble tragedia. En vez de disminuir
la violencia, esa sociedad quedaría mas expuesta
a la delincuencia armada. La policía no daría
abasto para atender las denuncias de robo y asalto.
En un programa de TV Argentina,
un entrevistado decía: ”...así que cualquiera
puede tener un arma y salir a la calle a matar gente...”
cuando en realidad es justamente lo contrario. Solo puede
tener un arma, o manejar un ómnibus o un automóvil,
quienes estén legalmente autorizados, y no para salir
a matar gente.
Para quienes no lo sepan,
para la adquisición de un arma y poder obtener el
carnet de “Tenencia de Arma” (esto no significa
salir a la calle con un arma en la cintura) es necesario
ser mayor de edad, presentar fotocopia del documento de
identidad, certificado de no tener antecedentes penales.
Se podría agregar, el poseer un conocimiento de su
uso, como se hace con el registro de conducir. Si es para
la compra de un arma de calibre mayor que el .38 o .380,
mal denominada por el periodismo de “Arma de Guerra”
y si de “Uso Civil Condicionado”, sería
necesario la presentación de un Carnet que lo identifica
como asociado a un club de tiro, lo que presupone un mínimo
conocimiento del uso de una arma de fuego.
Desde 1975, la Argentina cuenta
con una Ley Nacional de Armas y un registro de las mismas,
que incluye el otorgamiento de credenciales que lo habilitan
para su tenencia (como el registro de conducir), considerados
en los foros internacionales, de los más avanzados
del mundo. Las imposiciones legales para quien quiera acceder
a la condición de “Legitimo Usuario”,
son básicamente las siguientes:
- Ser mayor de veintiún años;
- No tener antecedentes penales;
- Tener medios lícitos de vida;
- Tener domicilio legal, fehacientemente comprobable;
- Recibir el debido entrenamiento, por parte de un instructor
habilitado a ese fin.
En países como en el
nuestro, se sufre del ataque de algunos personas, de medios
de comunicación, o de algunos legisladores, que hablan
del tema sin el menor conocimiento de una realidad tangible,
deseosos de restringir la adquisición y el uso licito
de un arma de fuego, pensando que con esto, se eliminará
la delincuencia. Muy por el contrario, de esta forma la
sociedad se encontrará desprotegida y en desventaja.
Lo que sí es necesario, es una mayor eficacia en
la lucha contra la delincuencia.
Una política anti crimen,
tendiente a la mayor prevención de la delincuencia
que utiliza armas de fuego, no consiste en restringir la
adquisición legal de las mismas, ni de incrementar
las penas, pensando que con esto pueda disminuir el índice
de delincuencia. Para frenar la delincuencia no es necesario
aumentar las penas, sino hacerlas cumplir efectivamente,
caiga quien caiga, como muchas veces nos recitan vanamente,
porque, por dura que sea la ley, si no se cumple, el delincuente
continuará delinquiendo. El solo hecho de esgrimir
un arma de fuego ilegalmente para delinquir, tiene que aumentar
considerablemente la agresión, y por lo tanto debe
ser severamente castigada.
“Jueces
duros hacen criminales blandos”.
En la ciudad de Miami, el
que saca un arma, sabe que tiene 10 años de prisión.
Si la dispara, tiene 20. Si hiere con ella, cadena perpetua
y si mata, es posible hasta la pena de muerte.
En Nueva York hace furor la
“ley de los 20 años”, que dice que: luego
de una tercer caída, el reincidente tiene automáticamente
20 años de cárcel (que se cumple).
¿Debe una persona,
que se jacte de defensor de los derechos humanos, o un legislador,
permitir la violación de su hogar, de su familia,
la agresión de sus seres queridos o la de una tercera
persona, pudiendo ejercer su legitima defensa, ya sea con
un palo, un cuchillo o un arma de fuego, si las fuerzas
policiales no están en condiciones o capacidad de
acudir a tiempo?
Ahora les pido a Uds., personas
inteligentes y brillantes, que me expliquen la razón
de insistir con esa musiquita de que, “la gente no
debe tener armas”
Algunos visionarios insisten
en el desarmamiento de la población civil, como una
salida milagrosa para disminuir el crimen.
Preguntaría a estos
“desarmamentistas de probeta” cual sería
la formula secreta para desarmar a los bandidos, que cada
día portan armas mas sofisticadas y de gran poder
de fuego
Tengo hijos, que desde pequeños
los eduque visando primeramente el respeto. “Respeten,
para ser respetado”. Con relación a las armas
de fuego, siempre frisé y sigo frisando a mis amigos,
que son peligrosas, si no son usadas con conocimiento previo,
responsabilidad y seguridad.
Palabras del Presidente Norteamericano
Bill Clinton: “No se trata de controlar las armas,
sino de controlar el delito”. A nadie se le escapa,
que en los EE.UU., la lucha primordial es contra la delincuencia
y no contra los que legalmente tienen armas. Los delincuentes
no necesitan leyes para adquirir las armas con las que delinquen.
Ningún delincuente va a comprar un arma lícitamente,
para salir a cometer sus fechorías. Creo que el 99,99%
de los que han adquirido legalmente y registrado sus armas,
no han cometido ningún delito con dichas armas. Las
restricciones a las armas, no disminuyen la criminalidad,
sino la capacidad de defensa de las víctimas de la
violencia.
Cuantas veces habremos leído
o escuchado decir en algún medio de comunicación:
¿Porque no se prohíbe la venta de las armas
de fuego, para reducir la criminalidad? Me pregunto, y espero
que respondan: ¿Acaso eso impediría que los
criminales, o los que tengan algo deshonesto en mente, obtengan
sus armas? A los que no tienen licencia y usan las armas
para lo que no deben usarse, es a los que hay que atacar.
Claro, eso es más difícil, pues no se saben
quienes son.
Todo esto lleva a los peligros
que implica una anarquía del sistema social imperante,
en el cual, unos piden estado de sitio o pena de muerte,
otros hablan de armarse “a tontas y a locas”,
y otros, quieren desarmar a todo el mundo, también
“a tontas y a locas”, con gran alegría
de la delincuencia.
Algunos Políticos,
sin la mas mínima idea del tema de Seguridad Publica,
dan sus opiniones surrealistas y electorales. Justamente,
los que sugieren desarmar al ciudadano honesto, andan rodeados
de guarda espaldas armados, vehículos blindados,
y guardias en sus casas. ¿Qué pasará
con ellos y sus familias cuando fenezca su función
publica y pasen a ser ciudadanos comunes? ¿Estarán
desarmados y a merced del crimen?
Existen armas, que sin ser
las de fuego producen daño. La palabra escrita, oral
o televisada, cuando usada para difamar, destruir personas
o instituciones, sembrando la duda con falsas acusaciones,
resulta tan letal como un disparo.
El sociólogo americano
Alvin Toffler, en su libro, curiosamente titulado “La
Guerra del Futuro” expresa en uno de sus párrafos:
“...no hay municiones tan peligrosas, como las palabras
hiper emotivas que disparan la artillería de los
medios de comunicación”.
En los tiempos en que vivimos,
el tema de la seguridad se ha convertido en un factor critico.
Los altos índices de delincuencia y la inusitada
violencia, son los graves problemas de la humanidad, y en
esta situación, la familia, cédula básica
de una sociedad, no queda exenta de la responsabilidad de
protegerse a sí misma, a pesar de saber que el Estado
brinda diversos servicios, entre los cuales se encuentra
la seguridad publica.
Todos sabemos que a pesar
de la buena voluntad de los servidores del orden, esto no
alcanza. Una fuerza de seguridad bien armada, no involucra
solamente proveerla de excelentes implementos, sino que
requiere de capacitación para su correcto empleo
y mantener un entrenamiento adecuado y constante, ya que
muchos de los problemas no provienen del armamento, sino
del tirador y su falta de preparación y pensar de
otra manera sería como cerrar los ojos o esconder
la cabeza en la tierra, como el avestruz.
Los bandidos están
cada vez mas osados, alentados por desarme de la población
y del consejo de no armarse para su defensa y “no
se resista”. Ellos, que no son bobos, están
contentos de lidiar con una población de corderitos,
facilitándoles su labor.
La medida más importante
para no ser víctimas de un asalto, robo, o cualquier
otro tipo de evento, como por ejemplo un incendio, es la
prevención, pero no por eso se debe prohibir la venta
de fósforos.
Las fuerzas del Orden Publico,
como así también la ciudadanía en general,
se encuentran muchas veces atadas a las normas judiciales
tan benévolas y blandas para los malhechores, que
llegan a quebrantar la moral, amenazados por las penalidades
judiciales tan estrictas, que les aguardan en casos de utilizar
sus armas en contra de los delincuentes.
En 1996, oportunidad de realizarse
en la Rural de Buenos Aires, la Expo Armas, llamaron la
atención pancartas y carteles con lemas tales como:
“Las armas matan”, “Las armas van contra
las leyes cristianas”. Sin embargo, muchos de los
pasajes del Evangelio Cristiano, hablan del uso lícito
de las armas, siempre y cuando fuera en legitima defensa.
Las armas en cualquiera de
sus formas fueron documentadas y permitidas por casi todos
los Libros Sagrados, en una u otra forma. El Talmud, El
Corán y La Sagrada Biblia, así lo atestiguan.
San Juan: Capitulo 18, versículo
10°:
“Encontrándose Jesús en el huerto
de Getsemaní, al ser apresado éste, Simón
Pedro desenvaina su espada y corta la oreja derecha del
captor”.
Cuando entramos en cualquier
Iglesia, se observan imágenes que representan a Santos,
los cuales algunos están armados, como por ejemplo,
San Jorge, los Santos Justo y Pastor o el Arcángel
Gabriel, etc. Lo expuesto aquí, en nada menosprecia
a la Iglesia, ni blasfema a nadie, puesto que las armas
así presentadas, no son mas que lícitos elementos
de defensa contra el maligno o todo aquel que lo sirve,
textualmente hablando.
Leyendo el “Catecismo
de la Iglesia Católica” escrito en orden de
aplicación del “Concilio Ecuménico Vaticano
II” y firmado por Juan Pablo II, en su Artículo
2266, cuando versa sobre la legítima defensa, dice
así: “La preservación del bien común
de la sociedad, exige colocar al agresor, en estado de no
poder causar perjuicio. Por este motivo, la enseñanza
tradicional de la Iglesia, ha reconocido el justo fundamento
del derecho y deber de la legítima autoridad publica
para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito,
sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a
la pena de muerte. Por motivos análogos, quienes
poseen la autoridad, tienen el derecho de rechazar por medio
de las armas a los agresores de la sociedad que tienen a
su cargo”. Como se ve en este punto, la Iglesia “autoriza”
el uso mesurado de las armas con el fin de la defensa y
por el respeto de la vida de los hombres justos.
Santo Tomás de Aquino
decía en su libro Suma Teológica: “La
acción de defenderse puede entrañar un doble
efecto: el uno es la conservación de la propia vida,
el otro, la muerte del agresor… solamente es querido
el uno, el otro, no”.
El Catecismo de la Iglesia
Católica, reafirma el uso de las armas cuando dice:
“El amor a sí mismo constituye un principio
fundamental de la moralidad. Es por tanto, legitimo, hacer
respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su
vida, no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve
obligado a asestar a su agresor un golpe mortal”