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LEGALIDAD O NO, DEL USO DE LAS ARMAS DE FUEGO

Desde sus orígenes, las armas de fuego han ejercido una extraña fascinación sobre el hombre. Se usaron para la guerra, la seguridad, la subsistencia, el deporte, etc., y todavía hoy, se las utiliza con esos mismos fines.

¿Las armas de fuego, son buenas o son malas? Las armas en general, son solamente un objeto inanimado que requiere ser manejado con precaución. Que sea malo o bueno, depende de la mano que las empuñe.

¿Cuál es la diferencia entre atacar a una persona, con un arma de fuego, una silla, una botella, un palo, o con una simple lamina de afeitar o un estilete, como lo hicieron los terroristas, en los EEUU, el 11 de Setiembre ?

Cuando se comete un crimen, la culpa no es del arma de fuego precisamente, pues de no existir esta, el criminal hubiese utilizado cualquier instrumento para llevar a cabo sus nefastas intenciones, como ser un garrote, una piedra, un martillo o un palo de amasar, para herir o matar a su semejante. En otras palabras, la violencia no nace de un arma y si, del hombre. Con esto solo quiero demostrar que un arma de fuego posee la misma peligrosidad que un pica hielo o un machete, si detrás de ambas, hay un asesino, delincuente o un desequilibrado.

La problemática de las armas de fuego, la seguridad y su tratamiento en los medios de comunicación parecerían ser una constante en nuestra sociedad. Políticos, periodistas, especialistas y advenedizos de todo tipo, opinan sobre este delicado tema, tratando de llevar agua a su molino. Sin conocimiento, están llenando espacios en los medios, con falsas informaciones de inseguridad. Mucha de esa inseguridad, les da elementos a los formadores de opinión, para tratar de sacar las armas legales de la sociedad. La contrapartida, es el aumento de armas ilegales en manos de delincuentes.

Un ejemplo palpable, es el Reino Unido, donde fue adoptado la ley de desarme de la población civil (léase ciudadanos honestos) incrementando en un 53% las acciones criminales a mano armada. En Londres, los homicidios aumentaron casi 90% de 2000 a 2001, o sea, después de adoptarse esta ley.

Cualquier prohibición debe estar adecuadamente fundamentada, pues, de lo contrario, implicaría que los poderes del Estado dan o quitan según su antojo, desconociendo los derechos de los ciudadanos y una de la más básica libertad individual, que es el “derecho a la defensa”.

De que servirá, por ejemplo, sustituir los cubiertos metálicos por los de plástico, utilizados actualmente en todas las compañías de aviación, si los terroristas utilizaran cualquier otro medio para alcanzar sus maléficos objetivos.

Con lo único que estaría de acuerdo, es que el Estado obligue al que desee poseer un arma, un documento que lo habilite como tal, como se procede cuando se obtiene el registro de conducir. La solución del Estado, no es prohibir, sino aplicar leyes que regulen y generen una cultura en materia destinada a preservar la conducta de los legítimos usuarios, vinculada a todo poseedor del carnet de “Tenencia de Arma”, que no es lo mismo a “Portación de Arma”. Debe definirse la portación, como la “acción de disponer, en lugar publico, o de acceso publico, de un arma de fuego cargada o en condiciones de uso inmediato”.

Los políticos o las personas que han estado en puestos de poder, “no saben que hacer con las armas”. Al tener los medios en contra de un determinado gobierno, porque el hampa mató a tales personas, violaron a tales otras, etc., entonces se preguntan: ¿Qué hacemos?. Lo más fácil y sin explicaciones lógicas, es culpar a las personas que poseen legalmente, armas de fuego. Proponen quitar las armas a la población civil, a quienes han adquirido las mismas en forma legal y se encuentran legalmente registradas. Lo ideal sería que si se piensa hacer un desarme, se hagan a aquellas personas que no tengan la autorización o el registro correspondiente, quienes generalmente utilizan sus armas para actos delictivos.

La mayoría de los delincuentes se ven forzados a robar, cuando en su rancho no hay comida y sus familias se están muriendo de hambre. Ahora, ello en sí, es mas un problema social, que un problema de armas, por lo que se necesitan políticas que ataquen de lleno, el desempleo, la inseguridad, la educación, el nivel cultural de la población. Esa sería la acción correcta y no la inexplicable idea del desarme de la población civil.

Nunca escuche, que un ciudadano, que tenga un arma de fuego, debidamente documentada, comprada y registrada legalmente, haya hecho uso del mismo para cometer un crimen o asalto. La incidencia de un legitimo usuario de un arma, en hechos delictivos es casi nula. Jamás, a un legitimo usuario, que tiene su arma legalmente registrada, se le pasa por la mente, tener un arma para delinquir.

Las estadísticas indica, que el delincuente obtiene sus armas y municiones en la clandestinidad. Si por ventura existiera una legislación prohibiendo la venta legal de armas de fuego, se vería intensificado el criminal mercado negro y el ciudadano honesto se vería imposibilitado de ejercer una de más básica libertad individual y constitucional del ser humano, su derecho a la defensa, dando claramente un recado a los bandidos, de que estamos desarmados.

Preguntaría a quienes piensan que las armas son fuente y razón de todos los males, si se atreverían a decir: “Me dejo matar, pero jamás tendría un arma de fuego”, o si pondrían un letrero en la puerta de su casa que diga: “Es esta casa, no tenemos armas”.

Los pilotos de líneas aéreas comerciales norteamericanas están actualmente organizando un movimiento lógico, para que ellos puedan tener, por lo menos, una pistola o revolver, para la defensa de sus vidas y la de sus pasajeros. ¿Qué dirán a este respecto los que están en contra de las posesión legal de un arma de fuego? ¿Estarán en contra, para que estos pilotos (tal como lo hacen con los ciudadanos comunes) anden desarmados y sin oportunidad de una legitima defensa?

Las estadísticas en otros países avalan que no son los delincuentes los que concurren a registrar sus armas y la inseguridad que reflejan las crónicas policiales, son practicadas por poseedores ilegales, a los que inexorablemente, se los debe reprimir con toda la fuerza de la ley. En la Argentina, por ejemplo, existen mas de 1.000.000 poseedores legales de armas registradas o legítimos usuarios, y solo un 0,01% de ellos, se vieron involucrados en situaciones policiales o judiciales con sus armas y la mayoría, por causas menores o de legitima defensa, justificados por fallos judiciales.

Las autoridades estadounidenses efectuaron durante el mes de diciembre de 1999, más de 2.000.000 de verificaciones de registros de antecedentes penales, para la compra de armas de fuego, lo que significa un aumento de 4% con relación a diciembre de 1998, según el FBI. En los primeros meses del 2000, un millón de madres norteamericanas marcharon en reclamo de un mayor control de la discrecionalidad que existe en los Estados Unidos para adquirir un arma de fuego. Pero veamos que reclamaban las madres estadounidenses:
- Que haya un registro de usuarios de armas de fuego, con la consiguiente licencia que lo habilite como tal;
- Que antes de otorgar una tenencia (por primera vez), el Estado investigue los antecedentes penales del solicitante:
- Que se establezca un “periodo de espera”, para evitar que el que compre un arma por primera vez, actúe en forma irracional, impelido por algún disturbio emocional momentáneo.

La mayor prioridad es efectuar un mejor control, tomar mayores precauciones, para evitar que esas armas caigan en manos criminales o irresponsables, teniendo un registro de más de 200 millones de armas de fuego que circulan actualmente en los Estados Unidos.

A menudo veo en algunas armerías, gente que va a comprar un arma “para la defensa de su casa y de sus bienes” y no tienen la más mínima idea de como se carga o descarga. Considero que esas personas no deberían tener un arma, porque son un peligro para ellos mismos. La solución está en la creación de Escuelas en polígonos de Tiro, legalmente habilitados y con un programa de instrucción en Reglas de Seguridad para el Manejo de Armas de Fuego, que eduquen al poseedor de un arma y otorguen un Certificado de Idoneidad en el Manejo de un Arma de Fuego.

Siempre he creído que todas las restricciones y limitaciones concernientes a las armas son absurdas y carentes de sentido, que solo las sufren y padecen los honrados ciudadanos que las poseen y usan de acuerdo con la ley. Es inconcebible que en un país civilizado y con legisladores cuerdos, se prohíba la tenencia de armas para la defensa de vidas. A los que utilizan armas para la comisión de delitos, no les interesan estas leyes, pues no las piensan cumplir de ninguna manera, ya que tanto sus fines, como sus medios son ilícitos.

Creo en las leyes, la democracia y en los derechos humanos. Creo en los derechos de los humanos, porque es un bien divino y el respeto a esto, es lo único que puede alejarnos de vivir como cuando lo hacíamos en las cavernas. Solo creo en los derechos de los humanos que se comportan como tales. Los demás, aunque también con derechos y sin comportamiento de humanos, se les debe aplicar la ley, en la forma y medida en que la hayan infringido, pues el que se mueve en forma marginal y establece una causa, es lógico y de ley, que sufra los efectos que él produce con la misma.

¿Seria la prohibición de la venta de armas, una solución? ¿Sería el desarme generalizado e indiscriminado, una salida? ¿Creen los legisladores que todos los que asaltan y asesinan a mano armada, han comprado sus revólveres, pistolas, escopetas, ametralladoras, etc., en una armería, con el registro correspondiente? ¿En que porcentaje de delitos, se utilizaron armas registradas?

El delincuente no registra su arma bajo ningún punto de vista. Las obtiene por cualquier medio. Las utiliza para delinquir y ejercer una violencia inusitada, mientras los legisladores se empeñan en seguir controlando a los ya controlados y pacíficos ciudadanos. No se dan cuenta que en realidad lo que deberían controlar es la delincuencia, el trafico ilegal de armas y tomar las medidas para encuadrar y limitar tanta violencia, pero hacia quienes las ejercen.

Además, si jugamos a prohibir o confiscar las “cosas peligrosas”, empecemos por los automóviles y ómnibus, que causan accidentes y también matan, por lo tanto me atrevería a sugerir a los Legisladores, se agregue al proyecto, un Articulo que diga: “Todos los conductores de vehículos automotores, deberán realizar un examen de aptitud para obtener una licencia de Tenencia de Vehículo”. Esta medida servirá para disminuir el alarmante numero de muertes, ocurridas en accidentes de transito, en vista del manoseo indebido, por parte de sus usuarios, ya que este también podría ser considerado como un arma mortífera y a los karatekas, se les corten los brazos y las piernas, porque también matan, a las amas de casa se les prohíba el uso de cuchillos, que también matan, que se prohíba el fútbol, por la violencia y muertes que generan y que a las prostitutas y travestíes se los incinere, pues también pueden matar (SIDA).

Los aficionados a las armas, los que compramos habitualmente para disfrutar de nuestro deporte, el cual nos exige un permanente y estricto entrenamiento, no solo en su manejo, sino en la seguridad para nosotros y quienes nos rodean, nos encontramos con que la sociedad, en general, nos rechaza. Pero eso sí, estas mismas personas que se escandalizan de nuestra afición, cuando van a la cancha, no tendrán ningún inconveniente en hacerle saber a un árbitro, de que dudan de la “legitimidad de su nacimiento”, e incluso, no vacilarían en arrojar objetos contundentes, tanto contra árbitros y jugadores. Repito, que para ser agresivo, no son precisas las armas. Cualquier objeto contundente o punzante, en un momento determinado, puede convertirse en un arma, como una lata de cerveza o gaseosa o una guampa de tereré.

Un menor de 21 años, por ley, no puede comprar un arma. ¿Cómo entonces leemos en los diarios que un adolescente de 16 o 18 años, mató a alguien con un revolver o pistola? ¿Será que las compró legalmente?

Las armas automáticas (ametralladora) no están permitidos para los civiles. ¿Cómo es que los delincuentes los tienen y utilizan en sus asaltos? ¿Para qué sirve tanto control?

Estudios estadísticos en los EE.UU. demuestran que entre 1974 a 1988, el numero de armas se incrementó en 69%, mientras que los homicidios disminuyeron en un 14%. Por lo tanto habría que perseguir, ser más drásticos y con leyes más severas, a los delincuentes y no a los ciudadanos honestos.

“Si las armas son declaradas fuera de la ley, solamente los que estén fuera de la ley tendrán armas”

De lo que sí podemos estar seguros es que, de efectivizarse la prohibición de la venta de armas de fuego, se producirá el regocijo de los criminales, puesto que podrán hacer presa fácil a los honestos ciudadanos. Nada impedirá que los que se encuentran al margen de la ley, consigan el armamento necesario para cometer sus fechorías, que en la mayoría de los casos han entrado de contrabando o conseguidas en el mercado negro. El otro concepto falso es el de pretender suprimir el mercado negro, eliminando el mercado legal. Cada vez que se intentó algo así, se logró el efecto exactamente opuesto, como fue el caso de “la ley seca” en los EEUU.

La compra de armas por parte de algunos civiles, refleja la falta de seguridad imperante y las falencias del Estado para socorrer a los ciudadanos.

Cuando un gobierno desconfía de su pueblo ¿quien está equivocado?
¿El gobierno o el pueblo?

Limitar la compra y la tenencia legal de armas, es fácil. Intentar desarmar a la sociedad sería una doble tragedia. En vez de disminuir la violencia, esa sociedad quedaría mas expuesta a la delincuencia armada. La policía no daría abasto para atender las denuncias de robo y asalto.

En un programa de TV Argentina, un entrevistado decía: ”...así que cualquiera puede tener un arma y salir a la calle a matar gente...” cuando en realidad es justamente lo contrario. Solo puede tener un arma, o manejar un ómnibus o un automóvil, quienes estén legalmente autorizados, y no para salir a matar gente.

Para quienes no lo sepan, para la adquisición de un arma y poder obtener el carnet de “Tenencia de Arma” (esto no significa salir a la calle con un arma en la cintura) es necesario ser mayor de edad, presentar fotocopia del documento de identidad, certificado de no tener antecedentes penales. Se podría agregar, el poseer un conocimiento de su uso, como se hace con el registro de conducir. Si es para la compra de un arma de calibre mayor que el .38 o .380, mal denominada por el periodismo de “Arma de Guerra” y si de “Uso Civil Condicionado”, sería necesario la presentación de un Carnet que lo identifica como asociado a un club de tiro, lo que presupone un mínimo conocimiento del uso de una arma de fuego.

Desde 1975, la Argentina cuenta con una Ley Nacional de Armas y un registro de las mismas, que incluye el otorgamiento de credenciales que lo habilitan para su tenencia (como el registro de conducir), considerados en los foros internacionales, de los más avanzados del mundo. Las imposiciones legales para quien quiera acceder a la condición de “Legitimo Usuario”, son básicamente las siguientes:
- Ser mayor de veintiún años;
- No tener antecedentes penales;
- Tener medios lícitos de vida;
- Tener domicilio legal, fehacientemente comprobable;
- Recibir el debido entrenamiento, por parte de un instructor habilitado a ese fin.

En países como en el nuestro, se sufre del ataque de algunos personas, de medios de comunicación, o de algunos legisladores, que hablan del tema sin el menor conocimiento de una realidad tangible, deseosos de restringir la adquisición y el uso licito de un arma de fuego, pensando que con esto, se eliminará la delincuencia. Muy por el contrario, de esta forma la sociedad se encontrará desprotegida y en desventaja. Lo que sí es necesario, es una mayor eficacia en la lucha contra la delincuencia.

Una política anti crimen, tendiente a la mayor prevención de la delincuencia que utiliza armas de fuego, no consiste en restringir la adquisición legal de las mismas, ni de incrementar las penas, pensando que con esto pueda disminuir el índice de delincuencia. Para frenar la delincuencia no es necesario aumentar las penas, sino hacerlas cumplir efectivamente, caiga quien caiga, como muchas veces nos recitan vanamente, porque, por dura que sea la ley, si no se cumple, el delincuente continuará delinquiendo. El solo hecho de esgrimir un arma de fuego ilegalmente para delinquir, tiene que aumentar considerablemente la agresión, y por lo tanto debe ser severamente castigada.

“Jueces duros hacen criminales blandos”.

En la ciudad de Miami, el que saca un arma, sabe que tiene 10 años de prisión. Si la dispara, tiene 20. Si hiere con ella, cadena perpetua y si mata, es posible hasta la pena de muerte.

En Nueva York hace furor la “ley de los 20 años”, que dice que: luego de una tercer caída, el reincidente tiene automáticamente 20 años de cárcel (que se cumple).

¿Debe una persona, que se jacte de defensor de los derechos humanos, o un legislador, permitir la violación de su hogar, de su familia, la agresión de sus seres queridos o la de una tercera persona, pudiendo ejercer su legitima defensa, ya sea con un palo, un cuchillo o un arma de fuego, si las fuerzas policiales no están en condiciones o capacidad de acudir a tiempo?

Ahora les pido a Uds., personas inteligentes y brillantes, que me expliquen la razón de insistir con esa musiquita de que, “la gente no debe tener armas”

Algunos visionarios insisten en el desarmamiento de la población civil, como una salida milagrosa para disminuir el crimen.

Preguntaría a estos “desarmamentistas de probeta” cual sería la formula secreta para desarmar a los bandidos, que cada día portan armas mas sofisticadas y de gran poder de fuego

Tengo hijos, que desde pequeños los eduque visando primeramente el respeto. “Respeten, para ser respetado”. Con relación a las armas de fuego, siempre frisé y sigo frisando a mis amigos, que son peligrosas, si no son usadas con conocimiento previo, responsabilidad y seguridad.

Palabras del Presidente Norteamericano Bill Clinton: “No se trata de controlar las armas, sino de controlar el delito”. A nadie se le escapa, que en los EE.UU., la lucha primordial es contra la delincuencia y no contra los que legalmente tienen armas. Los delincuentes no necesitan leyes para adquirir las armas con las que delinquen. Ningún delincuente va a comprar un arma lícitamente, para salir a cometer sus fechorías. Creo que el 99,99% de los que han adquirido legalmente y registrado sus armas, no han cometido ningún delito con dichas armas. Las restricciones a las armas, no disminuyen la criminalidad, sino la capacidad de defensa de las víctimas de la violencia.

Cuantas veces habremos leído o escuchado decir en algún medio de comunicación: ¿Porque no se prohíbe la venta de las armas de fuego, para reducir la criminalidad? Me pregunto, y espero que respondan: ¿Acaso eso impediría que los criminales, o los que tengan algo deshonesto en mente, obtengan sus armas? A los que no tienen licencia y usan las armas para lo que no deben usarse, es a los que hay que atacar. Claro, eso es más difícil, pues no se saben quienes son.

Todo esto lleva a los peligros que implica una anarquía del sistema social imperante, en el cual, unos piden estado de sitio o pena de muerte, otros hablan de armarse “a tontas y a locas”, y otros, quieren desarmar a todo el mundo, también “a tontas y a locas”, con gran alegría de la delincuencia.

Algunos Políticos, sin la mas mínima idea del tema de Seguridad Publica, dan sus opiniones surrealistas y electorales. Justamente, los que sugieren desarmar al ciudadano honesto, andan rodeados de guarda espaldas armados, vehículos blindados, y guardias en sus casas. ¿Qué pasará con ellos y sus familias cuando fenezca su función publica y pasen a ser ciudadanos comunes? ¿Estarán desarmados y a merced del crimen?

Existen armas, que sin ser las de fuego producen daño. La palabra escrita, oral o televisada, cuando usada para difamar, destruir personas o instituciones, sembrando la duda con falsas acusaciones, resulta tan letal como un disparo.

El sociólogo americano Alvin Toffler, en su libro, curiosamente titulado “La Guerra del Futuro” expresa en uno de sus párrafos: “...no hay municiones tan peligrosas, como las palabras hiper emotivas que disparan la artillería de los medios de comunicación”.

En los tiempos en que vivimos, el tema de la seguridad se ha convertido en un factor critico. Los altos índices de delincuencia y la inusitada violencia, son los graves problemas de la humanidad, y en esta situación, la familia, cédula básica de una sociedad, no queda exenta de la responsabilidad de protegerse a sí misma, a pesar de saber que el Estado brinda diversos servicios, entre los cuales se encuentra la seguridad publica.

Todos sabemos que a pesar de la buena voluntad de los servidores del orden, esto no alcanza. Una fuerza de seguridad bien armada, no involucra solamente proveerla de excelentes implementos, sino que requiere de capacitación para su correcto empleo y mantener un entrenamiento adecuado y constante, ya que muchos de los problemas no provienen del armamento, sino del tirador y su falta de preparación y pensar de otra manera sería como cerrar los ojos o esconder la cabeza en la tierra, como el avestruz.

Los bandidos están cada vez mas osados, alentados por desarme de la población y del consejo de no armarse para su defensa y “no se resista”. Ellos, que no son bobos, están contentos de lidiar con una población de corderitos, facilitándoles su labor.

La medida más importante para no ser víctimas de un asalto, robo, o cualquier otro tipo de evento, como por ejemplo un incendio, es la prevención, pero no por eso se debe prohibir la venta de fósforos.

Las fuerzas del Orden Publico, como así también la ciudadanía en general, se encuentran muchas veces atadas a las normas judiciales tan benévolas y blandas para los malhechores, que llegan a quebrantar la moral, amenazados por las penalidades judiciales tan estrictas, que les aguardan en casos de utilizar sus armas en contra de los delincuentes.

En 1996, oportunidad de realizarse en la Rural de Buenos Aires, la Expo Armas, llamaron la atención pancartas y carteles con lemas tales como: “Las armas matan”, “Las armas van contra las leyes cristianas”. Sin embargo, muchos de los pasajes del Evangelio Cristiano, hablan del uso lícito de las armas, siempre y cuando fuera en legitima defensa.

Las armas en cualquiera de sus formas fueron documentadas y permitidas por casi todos los Libros Sagrados, en una u otra forma. El Talmud, El Corán y La Sagrada Biblia, así lo atestiguan.

San Juan: Capitulo 18, versículo 10°:
“Encontrándose Jesús en el huerto de Getsemaní, al ser apresado éste, Simón Pedro desenvaina su espada y corta la oreja derecha del captor”.

Cuando entramos en cualquier Iglesia, se observan imágenes que representan a Santos, los cuales algunos están armados, como por ejemplo, San Jorge, los Santos Justo y Pastor o el Arcángel Gabriel, etc. Lo expuesto aquí, en nada menosprecia a la Iglesia, ni blasfema a nadie, puesto que las armas así presentadas, no son mas que lícitos elementos de defensa contra el maligno o todo aquel que lo sirve, textualmente hablando.

Leyendo el “Catecismo de la Iglesia Católica” escrito en orden de aplicación del “Concilio Ecuménico Vaticano II” y firmado por Juan Pablo II, en su Artículo 2266, cuando versa sobre la legítima defensa, dice así: “La preservación del bien común de la sociedad, exige colocar al agresor, en estado de no poder causar perjuicio. Por este motivo, la enseñanza tradicional de la Iglesia, ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad publica para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte. Por motivos análogos, quienes poseen la autoridad, tienen el derecho de rechazar por medio de las armas a los agresores de la sociedad que tienen a su cargo”. Como se ve en este punto, la Iglesia “autoriza” el uso mesurado de las armas con el fin de la defensa y por el respeto de la vida de los hombres justos.

Santo Tomás de Aquino decía en su libro Suma Teológica: “La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida, el otro, la muerte del agresor… solamente es querido el uno, el otro, no”.

El Catecismo de la Iglesia Católica, reafirma el uso de las armas cuando dice: “El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es por tanto, legitimo, hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida, no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal”

 

 


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