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LEGITIMA DEFENSA

Como has podido apreciar, en capítulos anteriores, el Tiro Práctico es una de las modalidades del deporte de tiro, que simula situaciones reales y lógicas a la que una persona puede enfrentarse en su vida diaria, dando la libertad “al tirador” de resolver problemas tácticos, utilizando una base de aplicación en el uso defensivo con un arma de fuego. En otras palabras, aplicable a la Legitima Defensa.

Sobre esto que me aventuro a escribir, y espero no aburrirte mucho, por supuesto que nada tiene que ver con la parte deportiva, pero sería interesante comentarte algunas conclusiones personales, aunque no soy ningún técnico en la materia, ni tuve mis experiencias, (gracias a Dios) pero sí, la de algunos entendidos en el tema, sobre hechos que fueron noticias en otros países, y porque no, en el nuestro. Por lo tanto, lee, piensa, y saca tus propias conclusiones. No creas que todo lo que digo, es “Palabra Santa”.

No todos los que tenemos un arma en nuestras casas, en el auto, o tienen la “osadía” de llevarlo en la cartera o de portarlas, sabemos como utilizarla. No solo desde el punto de vista de su empleo técnico, sino de los alcances legales y oportunidades de su utilización efectiva, sin accidentar a terceros. Además, muchas veces no sabemos cuando y como emplearlas si fuera necesario. Como acotación, te diré que, nunca en una pelea o un pleito, tienes que definir con tu arma de fuego, si no existe “peligro inminente” de lesión grave o muerte para ti o para terceros.

Como principio universal, las naciones al constituirse dejaron librado a la responsabilidad de cada individuo, el derecho de ejercer, por sí misma, “la defensa propia”, tanto la personal, la de su familia, como la de sus semejantes, en determinados casos concretos. Se entiende como legítima defensa, el derecho que tiene toda persona para proteger lícitamente su vida, la de sus semejantes y fundamentalmente la de su familia o sea, cuando se repele una agresión ilegítima de la que se es objeto, de una manera proporcional al poder ofensivo que se enfrenta, para preservarse físicamente.

Teniendo en cuenta lo expresado anteriormente, estimo que, si la Ley contempla el derecho a ejercer la Legitima Defensa, inspirada en nuestra Constitución, se contempla que se puede poseer el derecho de adquirir un arma y de capacitarse de la forma más conveniente, sin que ningún sector interesado, interfiera aduciendo una falacia.

Es un hecho común que un tirador, cazador, deportista, coleccionador o aficionado a las armas en general, tenga armas de fuego en su domicilio. Por supuesto, doy por sentado que hablamos de armas registradas. Si bien es cierto que no son peligrosas en sí mismo, sí, es sabido que en manos inadecuadas o bajo ciertas condiciones, pueden resultar elementos extremadamente riesgosos, capaces de producir la muerte o severas heridas.

Tu familia, esposa e hijos, deberían conocer en qué lugar guardas un arma de fuego, pero primeramente deberías conocer de qué manera defenderte en caso de una situación límite y por lo tanto poder ejercer tu rol con solvencia. Es conveniente que todos reciban instrucción sobre el manejo del arma que hay en la casa y efectúen algunos disparos en un polígono, de manera a conocer la emoción de un disparo y también los efectos. El temor, la falta de confianza, el desconocimiento de su funcionamiento y perfomance, se traduce inevitablemente en una actitud poco solvente y dubitativa en el momento crítico. ¿Tendríamos la sangre fría como para actuar correctamente, o nos quedaremos paralizados por el terror? ¿Estamos preparados para afrontar una situación critica?

Tengamos en cuenta que los chicos de hoy, son muy despiertos y permanentemente reciben información que no deberían tener. El manejo de un arma de fuego pueden ver en cualquier serie de televisión o en el cine, condimentada con una buena dosis de peligrosa fantasía. Por su parte, los adultos, faltos de idoneidad, son todavía más peligrosos que los chicos.

Un arma de fuego es solamente un objeto inanimado que requiere ser manejado con precaución. Pero no es intrínsecamente malo o bueno. Eso depende de la mano que la empuñe, de la voluntad de la persona que la utilice. En manos de soldados, es la defensa de la Patria; en manos de los agentes del orden, es la defensa de nuestra seguridad personal; en manos de delincuentes, es la inseguridad; para los tiradores deportivos, es una distracción y la demostración de una destreza personal; para los coleccionistas, una fuente de estudios. Lamentablemente para muchos ciudadanos honrados, es una esperanza de seguridad personal.

Un arma de fuego puede resultar peligrosa, inofensiva, inservible o eficaz, dependiendo de cómo su dueño lo hacer ser. Estos conceptos también pueden ser validos con el manejo de un automóvil, el consumo de un medicamento, la palabra o la decisión de un político, entre tantas cosas mas.

Con respecto a los chicos, he comprobado que la mejor medida de seguridad, es destruir el misterio y la atracción que sobre ellos ejercen las armas de fuego. Para evitarlo, el trabajo de los padres es más que importante, es vital. Cuando crean que sus hijos tienen la suficiente capacidad de comprensión, llévelos a una sesión de tiro. No para iniciarlos en una afición temprana por las armas, todo lo contrario, sino para que vean y conozcan de verdad, lo que un arma de fuego puede hacer y las posibles consecuencias de un uso indebido. Tienen que saber y tomar conciencia que jugar con un arma, puede ocasionar la muerte. De esta experiencia, no solamente perderán la atracción que ejerce lo prohibido, el misterio o la fantasía, sino que también lo formará, desde temprana edad, en forma responsable y segura. Haga que su hijo, pierda el miedo, pero no el respeto.

Un asaltante irrumpió arma en mano, en un local comercial, sometiendo al dueño del mismo, agrediéndolo a golpes e inició el saqueo de la caja. Sus dos hijas menores, al percatarse del peligro que corría su padre, y conociendo el lugar en donde se guardaba el arma, extrajeron del ropero un revolver .22 y una .38. Acudieron inmediatamente en defensa del padre, disparando sobre el agresor, causándole la muerte.

No hay edad para ejercer una legítima defensa, sea con elementos convencionales, como no convencionales, ya que la supervivencia precisamente no es una cuestión de edad, cuando ella ésta amenazada. El que se defiende legítimamente, no realiza una acción delictiva, sino un hecho típicamente jurídico y legal, no punible, ya que no se trata de una conducta ilícita.

Antes de proseguir, te preguntaría, si declaraste la tenencia de tu o tus armas. Es absolutamente necesario declarar el arma, de acuerdo con los términos legales. Existe una ley que regula la adquisición, tenencia, portación, transferencia de armas de fuego y esta ley protege al legítimo usuario.

“Las leyes pueden ser perfectas o imperfectas, pero hay que cumplirlas”.

Toda arma de fuego, no importa la cantidad que tengas, ni el calibre, deberán estar legalmente registradas en la Dirección del Material Bélico (DIMABEL) del Ministerio de Defensa Nacional. Cuando recién la adquieres, es sencillo, pues la propia armería realiza todo los tramites.

Si una persona defendiendo su vida o la de terceros, en forma legítima, utiliza un arma de fuego “no registrada”, seguramente saldrá libre, según el caso, por obrar en legítima defensa, pero será condenado por el delito de tenencia ilegal de un arma. Además podría estar infringiendo la ley, el hecho de utilizar una munición de punta hueca, o portar un arma en lugares públicos, sin la debida autorización de portación.

No te olvides que no estamos en condiciones de defendernos contra cualquier cosa, sobre todo si “los otros” están en superioridad numérica o superioridad en poder de fuego. Por más que tengamos en casa un arsenal, no podríamos defendernos contra todo. Podríamos defendernos, pero con muchas posibilidades de ser herido o muerto, así que deberíamos pensar, “¿qué es lo que estamos defendiendo y a que costo?”. Me gustaría preguntarte y responderte al mismo tiempo: ¿Que es lo mas precioso que tenemos?: Nuestra vida. ¿Cuál es la persona más importante en tu vida?: Eres tú.

Un señor se encontraba en su vehículo estacionado, leyendo el diario y esperando a su esposa que bajó del mismo para recoger a sus hijos del colegio. Tres cacos intentaron asaltarlo, uno armado con una .22. El conductor intentó manosear su 9 mm. que llevaba en la cintura. Lo mataron de varios disparos en el acto y huyeron.

Como ves, el espectro de posibilidades de emplear un arma, es reducido al mínimo. De lo contrario, te convertirás en un suicida o homicida. El arma puede ser utilizado como elemento disuasivo, para advertir al ladrón que entró en tu casa, que estás armado y alerta.

En un caso dado, si no actúas adecuadamente y en legítima defensa, estarás entrando dentro del área penal. De todas maneras serás noticia y posiblemente detenido y tu abogado te recomendará “no digas que...”. “no menciones que...”, etc. O sea, tendrás que teatralizar el hecho, para volcar más a tu favor, ponerse de acuerdo con los testigos... y mentir para tu defensa ante la justicia.

La mejor manera de proteger a nuestros seres queridos, es cuidarnos a nosotros mismos. Razonablemente, no hay nada material que justifique arriesgar tu vida, ni la de algún inocente que pasa cerca, procurando evitar un robo. Por lo tanto, no creo que valga la pena arriesgarte para que no te roben el auto, el reloj, la billetera, etc.

El principal peligro que existe con un arma de fuego, es el manipuleo por personas no entrenadas. Por lo tanto, la práctica periódica por parte de quienes tiran, cazan o se adiestran en la defensa personal, hacen a la seguridad en el manejo de las mismas. Cualquiera puede comprar un “socotroco” de 6 pulgadas, como el que usa “Harry El Sucio” en sus películas. El problema es que tienes que saber usarlo y como hacerlo. “Tienes que aprender a tirar y no a comprar”. Es preferible un .22 bien empuñado, que un revolver o pistola de 1.500 dólares en manos inexpertas.

En cierta oportunidad, una persona agredió con una pistola ..45 ACP., a un grupo familiar, efectuando tres disparos, uno contra el padre, que rozó sus pies, otro contra uno de los hermanos, que escuchó el silbido de la bala pasando cerca de su oreja, y el tercero contra el otro hermano, que se encontraba a unos 15 m. de distancia y que felizmente, tampoco dio en el blanco. El que se encontraba a mayor distancia, actuando en legítima defensa, de su padre, su hermano y suya, tomo un rifle .22 y con un certero tiro, atravesó el corazón del atacante, dándole muerte instantánea.

Como ves, no es el calibre el que determina un enfrentamiento, sino la precisión de los impactos, y espero sirva de ejemplo, para la gente que le gusta “apretar el gatillo”, pues después, lamentablemente será tarde. La legítima defensa no establece distancia, ya que la vida es licito preservarla a cualquier distancia. Por supuesto, que si el delincuente que intenta entrar a nuestra casa, está en la vereda o en el jardín, bastaría con intentar disuadirlo de alguna manera, sin que ello implicara un disparo directo hacia él. Seria diferente si él disparara primero. Una agresión ilegitima, habilita inmediatamente la legitima defensa de la víctima o agredido

En un asalto, siempre se pierde. Lo que tienes que evitar, es perder la vida. Guardar la calma durante un asalto, es fundamental. Es preferible hacerte el “tonto” y no el “machito”. Es preferible “un cobarde vivo, que un valiente muerto”. Un ladrón armado, en un lado roba, en otro mata, dependiendo de la actitud de la víctima. Además tendrías que pensar en los problemas legales que esto podría acarrearte, en el caso de matar al delincuente, a pesar de que la ley nos faculta el derecho, el deber y la obligación de defendernos legítimamente, en el mismo momento en que somos atacados, ante una acción en el que “peligre” nuestra vida, el de nuestros hijos, o el de nuestros seres queridos, sobre todo cuando los auxilios de la fuerza pública están lejos del lugar de los hechos y no pueden ser alertados por la víctima, para que acudan en su ayuda. Por lo tanto, seria absurdo que la ley de la naturaleza, que manda al hombre no dejarse matar, mande a las autoridades que castigue a aquel hombre, por no dejarse matar. “Quien obra en legitima defensa, cumple una acción legitima por disposición expresa de la ley”

A veces, un asalto es “conversable”, negociable, pero siempre tendremos que estar dispuestos a perder algo. Se debe considerar como perder menos. La sangre latina no es la adecuada para actuar con frialdad. Si se agrega cierto grado de resistencia desarmada o armada, podríamos engrosar la larga lista de “asesinados en asalto”, y generalmente la viuda opinaría que “no valía la pena”.

En cierta oportunidad, a un amigo le robaron la camioneta, y en compañía de otro amigo persiguieron a los delincuentes, que iba en el vehículo robado, y el otro en una moto. Por supuesto, los perseguidores, arma en mano, “no dudaron” en disparar, con “tan buena suerte” que no acertaron una sola bala. En un momento dado, los delincuentes se encontraron en un callejón sin salida, y al abandonar el vehículo robado, se enfrentaron con los perseguidores, también con “tan buena suerte” que no dieron ninguno en el blanco. Sensatamente los perseguidores recuperaron el vehículo y se alejaron del lugar.

Te imaginas lo que hubiera ocurrido si en la persecución, algún tiro acertaba a algún inocente transeúnte, o herían en la espalda a alguno de los delincuente. Primeramente tendrían que demostrar que era en legítima defensa. No olvides que hasta entonces no hubo agresión, como para calificarlo como legítima defensa, con inminente peligro de muerte por parte de los delincuentes. Por suerte, tan buenos tiradores no eran, ya que ni siguiera acertaron en la camioneta.

No solo cuando se lesiona, se viola o se mata se destruye al hombre. También se lo hace cuando se ataca y vulnera impunemente el hábitat en el que se desenvuelve, ya sea violando su domicilio, su lugar de trabajo o robando sus bienes. No es el caso de “los justicieros”, que son aquellos que un día deciden ejercer la represión de la delincuencia, salen a la calle sin haber sufrido una agresión personal que la justifique. Nos encontramos lisa y llanamente ante un caso de “justicia por manos propias”

No vale la pena, bajo ningún motivo, perseguir a un delincuente que huye, sin haber causado daños personales o amenazado de muerte inminente. Lo mas seguro para ti y para los demás, es poner de inmediato en aviso a las autoridades policiales. Ni aún, tratándose de un mal viviente, nunca dispares por la espalda, ni seguirlo disparando indiscriminadamente, pues puedes lesionar o matar a víctimas inocentes, ajenas a cualquier delito. Es bueno tener presente para los que en algún momento se encuentren ejerciendo su defensa legal, cuál sería tu responsabilidad en el supuesto de que le cause la muerte a un tercero en el mismo acto de repeler al agresor. De seguro tendrá que enfrentar la posibilidad de una condena penal. Pero todo esto no se acerca un ápice siquiera, al cargo de conciencia que tendría que soportar durante toda su vida por haber causado una muerte gratuita.

Repito, para ejercer el derecho de legítima defensa, tenemos que ser objetos de una “agresión ilegítima”, sin que medie provocación de nuestra parte, pero también se requiere actuar racional y proporcionalmente al ataque recibido. La ley protege o debería proteger a quien actúa y se defiende legítimamente. Los requisitos que exige una ley penal para la legítima defensa, son de carácter universal, y fueron contempladas, de la misma forma en casi todas las legislaciones del mundo, a saber: agresión ilegítima; necesidad racional del medio empleado para impedir o repeler; que no haya habido provocación suficiente por parte del que se defiende. De lo contrario, solo estarían amparando a los delincuentes.

Unos delincuentes entraron en una casa procediendo a desvalijarla. En ese momento llegaron sus habitantes, un matrimonio con dos hijos menores. Los ladrones huyeron, pero uno tomó a la mujer del matrimonio como rehén. Los chicos, advirtiendo el peligro, corrieron a pedir auxilio, mientras su madre era amenazada por uno de los cacos, con un cuchillo.

Pronto llegaron en su ayuda un vecino armado con una pala y otro con una pistola, quien inmediatamente, apuntando al mal viviente que tenia sometida a la mujer ordeno a éste a dejarla, de lo contrario dispararía. El criminal comenzó a apuñalar a la mujer, cuando fue abatido, desde una distancia de aproximadamente dos metros, por un certero balazo en la cabeza. El Juez interviniente, no procesó a quien disparo en defensa de la mujer, considerando que no hubo intención de matar, sino en legítima defensa de la agredida.

En principio, quien es atacado puede y debe defenderse. Esto incluye la defensa de terceros. Si el atacante es un visible karateca o porta cualquier elemento que puede poner en peligro la vida misma del que se defiende legítimamente, es un medio necesariamente racional y válido para impedir o repeler ese ataque injusto, el arma de fuego, a pesar de que “podría” considerarse “exceso en la legítima defensa” refiriéndose a la capacidad del poder ofensivo, pero de todas maneras, la situación de legítima defensa comienza cuando nace el peligro, cuando la voluntad de agredir es manifiestamente expresa. Esto quiere decir que aunque los elementos utilizados para el ataque y la defensa no sean absolutamente iguales, no por ello dejaran de ser proporcionales o equivalentes, en cuanto al resultado que los mismos puedan ocasionar, para impedir o repeler una agresión ilegitima.

Por otro lado, la legítima defensa no contempla la “defensa mecánica predeterminada”, como por ejemplo la electrificación de alambrados, cercos, muros, etc.

Quien se defiende legítimamente, no describe una conducta típicamente antijurídica y culpable, sino que obra jurídica y legalmente.

Como puedo decirte, sin caer en la hipocresía, que alguien que sea asaltado por menores con armas de fuego, no debe defenderse, por la condición de edad de los delincuentes y que simplemente le pegues un grito o una cachetada, ya que con ello impedirías que disparen sus armas. Por otro lado, la mayor cantidad de víctimas de la delincuencia, son policías, ya que los delincuentes no tienen en cuenta que ellos (los policías) también tienen “derechos humanos” y por ende desprecian sus vidas. Los policías, al igual que los particulares, deben enfrentar y colaborar con la instrucción de un sumario judicial, tendiente a la averiguación de los hechos, resultando inimputables, o sea no punible, cuando actuaron en legítima defensa de sí mismos o de terceros. No hay que incurrir en el error de confundir al que se defiende legítimamente, con aquel que actúa por venganza, al estilo de “un justiciero”.

El Estado, debería fortalecer su papel de garante de la seguridad publica, con el pago de mejores retribuciones a los miembros de las fuerzas policiales, además de una mayor preparación y entrenamiento especializado, como la provisión de armamento y tecnología mas adecuada y moderna para combatir el crimen.

El empleo de un arma de fuego para defendernos, requiere tener conceptos técnicos básicos para su manipuleo, tácticos para nuestro desplazamiento y saber que se va a hacer y como. El tener un arma de fuego, nos obliga a saber utilizarla y que toda la familia conozca su funcionamiento y lo practique, de lo contrario serias “un suicida”.

En 1994, las agencias noticiosas ANSA y Reuter, de la ciudad del Vaticano, reprodujo el siguiente documento emitido por la Santa Sede, que refleja en su pensamiento ecuménico, la doctrina que no solamente es de derecho positivo, sino también de derecho natural, con relación a la Legítima Defensa y en su versión actualizada, incluyendo las armas de fuego. Estos conceptos, que no han sido elaborados a la ligera, demandaron 8 años de trabajo, y fueron redactados por el Consejo Pontificio, Justicia y Paz, que preside el Cardenal Roger Etchegaray.

“En un mundo marcado por el mal y por el pecado, existe el derecho a la Legítima Defensa mediante las armas y por motivos justos. Este derecho (a la legitima defensa) puede convertirse en un grave deber (obligación) para quien es responsable de la vida de los demás, del bien común de la familia o de la comunidad civil”

“Sin disminuir este principio, se debe encontrar el modo de poder defender a las personas, en cualquier lugar que se encuentran, contra los males de los que son solo víctimas inocentes. Una medida indispensable seria que cada estado imponga un control estricto sobre la venta de armas. Dicho control no violaría los derechos de nadie”.

Por lo expuesto, llego a la conclusión, que para combatir la delincuencia, no es necesario limitar la adquisición de determinadas armas convencionales, en cuanto a su tipo y calibre, ya que con esto, de ninguna manera se reducirá el crimen, sino más bien, la posibilidad de una legítima defensa.

Creer que con prohibir las armas se eliminaría la criminalidad, es tan absurdo como pensar, que si se prohíbe los fósforos o encendedores, se eliminarían los incendios.

¿Que se logrará con prohibir la compra y la tenencia de armas? Que los ladrones sigan usando armas del mercado negro.

El empleo de un arma de fuego, aunque sea en defensa personal, constituye un hecho extremo y grave por parte de particulares que pretendan defenderse. Tienes que tener bien presente que si lo haces, serás detenido por el tiempo que duren las averiguaciones, e inevitablemente procesado. Tendrás entonces tu primera “mancha”, que seguramente será muy difícil de borrar. Si va todo bien y se demuestra que ha actuado en legítima defensa, quedaras exento de toda culpa y responsabilidad.

 

 

 


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